Entrevista: “Siempre se culpa a la víctima” A fondo con Ana Presas, ex fiscal de la justicia entrerriana

Cada 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, ello en relación al asesinato de las hermanas Patricia, Minerva y Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, conocidas como las “Las Mariposas”. Fueron activistas políticas de República Dominicana opositoras al régimen dictatorial de Rafel Trujillo, y luego asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por su régimen.

Por: Elízabeth Martínez.

Después de muchos reconocimientos en diversos países del mundo en el año 2000, la Organización de Naciones Unidas (ONU) declaró oficialmente el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Según el Registro Judicial de Causas y Antecedentes de Violencia (REJUCAV) de Entre Ríos, actualmente en el departamento Uruguay 5085 mujeres fueron víctimas de violencia de género. De ese total, el 96% corresponde denuncias relacionadas a la violencia psicológica y el 56% a violencia física. Con menores indicadores, se encuentran las económico/ patrimonial y las sexuales.

Mucho se debate todavía sobre si realmente existe el pleno acceso a la justicia de las mujeres y niñas víctimas de violencia de género, o si los agentes del Estado están preparados realmente para atender las demandas que surgen de este tipo de flagelo.

Para hablar de esto en una fecha tan significativa, nos propusimos entrevistar Ana María Presas, quien hace un año atrás se desempeñaba como fiscal auxiliar en nuestra ciudad, dependiente del Poder Judicial de Entre Ríos. Ha realizado numerosas investigaciones penales que llevaron a condenar a hombres acusados de delitos relacionados con la violencia contra la mujer.

– ¿A qué nos referimos cuando hablamos de violencia de género?

– La violencia de género se refiere a los actos violentos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género. Tiene su origen en la desigualdad de género, el abuso de poder y la existencia de normas machistas. El término se utiliza principalmente para subrayar el hecho de que las diferencias estructurales de poder basadas en el género colocan a las mujeres y niñas en situación de riesgo frente a múltiples formas de violencia.

Si bien las mujeres y niñas sufren violencia de género de manera desproporcionada, los hombres y los niños también pueden ser blanco de ella. En ocasiones se emplea este término para describir la violencia dirigida contra las poblaciones LGBTQI+ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero y queer), al referirse a la violencia relacionada con las normas de masculinidad/feminidad o a las normas de género. Entonces, la violencia de género surge por las relaciones asimétricas de poder en una pareja dentro del contexto de una cultura machista y patriarcal.

-¿Qué significa esto de relaciones asimétricas de poder?

– Que se ha visto siempre el género masculino como superior y con más poder (económico y físico) y por esto, surge una relación desigual. Las mujeres hemos sido socializadas dentro de esta cultura y, nosotras mismas debemos hacer un proceso de arduo trabajo interno para revalorizarnos ante esta violencia que se ha naturalizado e invisibilizado durante siglos. Recién en el siglo pasado, en la década del 60, surgen los estudios sobre la condición de la mujer, sobre todo cuando aparecen los métodos anticonceptivos, y la población femenina puede separar sexualidad y reproducción. Aparecen entonces los movimientos de liberación femenina como cuestionamientos a esa “superioridad” masculina.

-¿Cuáles son los indicios de maltrato en una relación?

– Las mujeres que hemos sufrido violencia de género, al estar inmersas dentro de una relación afectiva no logramos darnos cuenta de lo que estamos sufriendo, por esto que dije antes de la naturalización y del mito del amor romántico. Frases como “Me cela porque me quiere”, “Me cuida porque me quiere”, “Me golpea, pero yo tengo la culpa porque lo hice enojar”, son comunes en las mujeres que he escuchado tanto en la fiscalía en la que me desempeñé como en otros ámbitos.

Creo que es importante que tengamos en cuenta algunos indicios que pueden alertarnos si una mujer está en una relación de maltrato. Por ejemplo: recibir mensajes de acoso por parte de su pareja, o llamadas constantes cuando no están juntos; cuando se soporta expresiones humillantes, de menosprecio o de insulto; evitan las ocasiones de socializar, especialmente con el sexo opuesto y es posible que hasta tenga limitaciones para visitar a la familia, amigas y amigos; explicar o inventar excusas para justificar el comportamiento posesivo de la pareja y siempre pide permiso para hacer cosas.

En relación a las cuestiones económicas, la mujer tiene acceso limitado o a veces no lo tiene directamente, no toma de decisiones, no tiene cuentas bancarias personales, créditos o tarjetas de débito, es decir, el hombre ejerce el control de todos y cada uno de los gastos que hace. A veces esta violencia, se evidencia en los cambios relacionados con la personalidad, la conducta o la apariencia física (se siente deprimida, ansiosa o con tendencias suicidas y expresa odio por sí misma o vergüenza, sufre cambios de ánimo, llora de repente o tiene crisis de ira); en fin, la mujer cambia y con sus conductas nos dice que algo está pasando.

– Un proceso de cambio que no es una tarea sencilla. ¿Cómo actúa la justicia ante un caso de denuncia de violencia de género?

– Hablamos de proceso porque nada cambia de la noche a la mañana. Por eso, cuando una mujer decide realizar una denuncia por violencia de género debe ser atendida por personas capacitadas para eso. Todas y todos tenemos una visión sesgada por esta cultura patriarcal, y ahí aparecen los cuestionamientos hacia la mujer: siempre se cuestiona a la víctima. En la experiencia que he tenido trabajando como fiscal auxiliar, considero que lo mejor es realizar la denuncia en cualquier dependencia policial. Si tuviera que elegir, lo haría en la Comisaría de la Mujer. Toda denuncia llega a conocimiento de la justicia, y cuando la mujer decide realizarla, es porque llegó a una situación intolerable, ya no puede más y hay que atenderla en el momento.

A veces, se piensa que es mejor hacer la denuncia en la fiscalía. Pero, el personal policial actúa de inmediato, realiza las primeras diligencias siempre bajo las órdenes del fiscal que interviene. Si la mujer convive con el agresor, debe ser protegida de inmediato. Para ello, existen diversas medidas judiciales como la orden de un juez que le impide acercarse a la víctima, a su vivienda, o al lugar de trabajo. Asimismo, en la municipalidad local funciona la Dirección de la Mujer, y en ella se asiste a la víctima en la Ayuda y Contención para la Mujer.

-Y entonces, para distinguir el trabajo que cada uno realiza en este proceso, ¿qué le concierne a la justicia penal?

La justicia penal se ocupa de delitos que están tipificados, es decir, descriptos en el Código Penal, tales como: amenazas, lesiones, violación de domicilio, desobediencia a una orden judicial que se contextualizan dentro del marco de la violencia de género. Pero, esta violencia es mucho más amplia. Por eso es muy importante trabajar en red con los organismos del Poder Ejecutivo Municipal, Provincial y Nacional que son los que tienen personal especializado para atender y contener todo tipo de violencia: emocional, psicológica, económica y no sólo la que se encuadra dentro de los delitos penales.

-¿Cuáles son los instrumentos jurídicos que resguarda los derechos de las mujeres?

– Un instrumento jurídico internacional es todo acuerdo, pacto, tratado, protocolo, convenio o convención suscrito entre dos o más Estados, o sujetos de derecho internacional, y que crea obligaciones jurídicas para sus firmantes. Nuestro país ha firmado la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación de la Mujer (CEDAW)- perteneciente a la ONU- y, por ello, se ha comprometido y es también obligado por el acuerdo mismo, a la promoción y la defensa de los derechos humanos de las mujeres que habitan nuestro territorio. Esta convención tiene jerarquía constitucional incorporada con la reforma de 1994 en su art. 75, inc. 22.

Asimismo, se ha promulgado la Ley Nacional N° 26.485 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres, que aspira a eliminar la discriminación entre mujeres y varones en todos los órdenes de la vida, afirmando en particular el derecho de las mujeres a una vida sin violencia. Esta ley tuvo como base además de la CEDAW, la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la mujer- conocida como Convención de Belém Do Pará- en el marco de Organización de Estados Americanos (OEA).

Tenemos instrumentos jurídicos que habilitan transitar un proceso judicial para sancionar a la persona autora de delitos enmarcados en la violencia de género y que sirven, además, para que la víctima se sienta protegida por el Estado. No olvidemos que en el derecho penal es el propio Estado, es público, y es el que actúa para proteger a las personas víctimas de delitos, en estos casos mujeres. Por eso, los funcionarios judiciales y jueces deben estar preparados para abordar estas investigaciones.

-Qué crees que se necesita para evitar los cosos de violencia de género o femicidios que se suceden a diario…

– Entiendo que los femicidios son los casos más aberrantes dentro del universo de la violencia de género. Creo que son crónicas de muertes anunciadas, y tiene que ver con historias personales, de pareja, de vulnerabilidad.

Cerca de, una de cada tres mujeres, ha sido víctima de abuso en su vida. En épocas de crisis, las cifras aumentan, como se observó durante la pandemia de COVID-19 y las recientes crisis humanitarias, conflictos y catástrofes climáticas. Según un nuevo informe de ONU Mujeres en relación el comienzo de la pandemia- tomado como referencia 13 países del mundo- dos (2) de cada tres (3) mujeres denunciaron que ellas o una mujer que conocen fueron víctima de alguna forma de violencia y tienden a enfrentar problemas de inseguridad alimentaria. Del mismo informe, se estableció que sólo una (1) de cada 10 mujeres expresó que las víctimas acudían a la policía para pedir ayuda.

Si bien la violencia de género se ha extendido, no es inevitable: puede y debe evitarse. Para poner fin a esta violencia hay que empezar por creerles a las víctimas, adoptar enfoques integrales e inclusivos que aborden las causas profundas, transformen las normas sociales nocivas y empoderen a las mujeres y las niñas. Podemos eliminar la violencia de género prestando servicios esenciales centrados en las víctimas en los sectores policial, judicial, sanitario y social, así como aportando la suficiente financiación para la agenda de los derechos de las mujeres. Si no hay recursos económicos, sólo quedamos con un discurso vacío. Por eso es importante que las mujeres lleguen a lugares de poder y decisión para revertir la lógica patriarcal y discriminatoria.

-Un mensaje…

– Creo que es muy importante la solidaridad y sororidad de las mujeres con las mujeres. También considero que, si estuviera vigente realmente la Educación Sexual Integral ayudaría a tomar conciencia desde la temprana edad sobre la igualdad entre hombres y mujeres y tendríamos una sociedad más justa y equitativa.

Más datos sobre Ana Presas

Ana Presas Liberatori es Profesora de Lengua, Literatura y latín, Educadora Sexual, y Abogada. Sus estudios sobre la sexualidad humana le ayudaron a cuestionarse principios y verdades que creía inmutables sobre las relaciones entre hombres y mujeres. Se considera feminista desde su adolescencia- sin haber tomar conciencia de ello- lo cual la ha llevado a cuestionarse las diferencias y la discriminación que han sufrido las mujeres por el sólo hecho de serlo.

Estudió la carrera de abogacía en la Universidad de Concepción del Uruguay (UCU) trabajando como empleada judicial, dependiente del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos. Luego, se desempeñó en cargos públicos de jerarquía tales como Delegada Judicial y luego como Fiscal Auxiliar. En ambos puestos, mantuvo contacto con mujeres víctimas de violencia de género.

En su vida personal, es madre de cuatro hijos, tres mujeres y un varón. Su hija menor, una persona con discapacidad mental, fue quien la motivó para realizar sus estudios sobre sexualidad y la estudiar la carrera de abogacía.

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