Nuestros adultos mayores se animaron a todo: jugaron como chicos, bailaron, compartieron, compitieron con picardía y disfrutaron de una rica comida entre amigos.
La música nos llevó por distintas épocas, entre canciones que despertaron recuerdos y otras que nos trajeron nuevamente al presente. También hubo historias y relatos que nos invitaron a reflexionar sobre cómo fueron cambiando los roles de la mujer y del varón, sobre lo que fuimos y sobre lo que somos hoy.
Y llegó uno de los momentos más significativos: cada participante dejó su huella pintada en nuestra bandera, como símbolo de haber compartido, de haber sido parte y de dejar una marca en este encuentro.
Gracias a cada uno por compartir esta jornada y recordarnos que envejecer es también seguir disfrutando, aprendiendo, compartiendo y dejando huellas.
Porque el corazón no tiene fecha de vencimiento.


