El estatus se exige adentro, el corte entra sin peaje

El plan para erradicar la enfermedad de Aujeszky le pide al productor argentino que certifique granjas libres pensando en un mercado externo que todavía no existe. Mientras tanto, el cerdo brasileño entra en cantidades récord sin que ningún requisito sanitario lo detenga. Las dos cosas pasan al mismo tiempo, y la contradicción dice más sobre la política productiva que sobre la sanidad.

Lo esencial

Ramiro Llamas, que dirige un laboratorio privado de diagnóstico veterinario, hizo en una entrevista reciente la pregunta que el sector viene esquivando: ¿queremos granjas libres de Aujeszky para acceder algún día a mercados internacionales, o nos decidimos a vacunar y controlar la enfermedad en todo el país? la pregunta merece una respuesta. pero antes conviene mirar dónde estamos parados.

Aujeszky es una enfermedad viral de los cerdos que provoca abortos, mata lechones y frena la producción de una granja. hace un año, el Senasa lanzó un plan para controlarla y erradicarla, financiado en buena parte por los grandes criaderos, que esperaban resolver el problema en un año. según el relevamiento del consultor Juan Luis Uccelli, hoy hay 104 granjas con la enfermedad activa y más de medio millón de cerdos comprometidos. y los rebrotes ya no aparecen en el criadero chico sino en los más grandes.

La principal sospecha apunta al transporte de animales y al mal lavado de los camiones. pasa lo mismo que con un alimento que necesita frío: No alcanza con que cada heladera funcione si el camión que lo lleva de una a otra viaja con el equipo apagado. la granja es libre hasta que entra el camión.

Mientras tanto, entre enero y septiembre entraron más de 50.000 toneladas de carne de cerdo importada, casi toda de Brasil, por más de 120 millones de dólares. en nueve meses se importó lo mismo que en todo 2025. y ese cerdo no tiene que demostrar nada sobre Aujeszky para entrar, porque las normas sanitarias internacionales consideran que la carne sin vísceras no transmite la enfermedad.

ahí está la contradicción. al productor argentino se le exige el estatus para un mercado que todavía no tiene, mientras pierde el que ya tenía sin que la sanidad tenga nada que ver.

El cuadro se completa con una política que mira hacia otro lado. el régimen de incentivo a las grandes inversiones (el RIGI) ya aprobó 24 proyectos por más de 56.000 millones de dólares, concentrados en minería, petróleo y gas. sobre el papel, el régimen está abierto a otras actividades. en el campo, el piso de 200 millones de dólares por proyecto es una puerta que ninguna granja puede cruzar. no es que el gobierno no tenga política productiva: la tiene para tres sectores, y para el resto tiene apertura.

La respuesta a llamas no pasa por elegir entre granjas libres o vacunación. los países que se libraron de Aujeszky vacunaron primero y fueron libres después. lo que falta no es una vacuna: es una decisión.

la nota

el dato sanitario. el informe de Uccelli releva 1.108 unidades productivas: 587 libres, 391 bajo vigilancia, 74 en saneamiento con vacunación, 19 en saneamiento sin vacunación y 11 infectadas. las 104 con estatus activo concentran 503.246 cabezas, el 13,1% de los 3,83 millones registrados. las 74 en saneamiento con vacunación promedian 5.782 cabezas y suman 427.884 animales. córdoba explica el 46% de las cabezas comprometidas, y junto con Buenos Aires y Santa Fe llega al 97%. una salvedad de método: el universo es el de los establecimientos inscriptos en el sistema de certificación y vigilancia, no el total nacional.

La distancia con el estatus libre. el código terrestre de la organización mundial de sanidad animal (Omsa) exige, para declarar un país o zona provisionalmente libre, una prevalencia de rebaños que no supere el 1% durante al menos tres años y al menos el 90% de los establecimientos calificados como libres. con los números de Uccelli, la proporción de unidades con estatus activo ronda el 9,4% y las libres son el 53%. la distancia al estatus libre no se mide en trámites: se mide en años.

Lo que el estatus abre y lo que no. el mismo código considera que la carne fresca sin menudencias es una mercancía segura, sobre la que no corresponde exigir condiciones de Aujeszky cualquiera sea el estatus del exportador. el estatus pesa sobre las menudencias (que desde países infectados deben provenir de establecimientos libres desde el nacimiento de los animales), sobre la genética en pie, el semen y los embriones, y sobre los protocolos bilaterales que van más allá de la norma internacional (china, por ejemplo, exige para la carne vacuna argentina establecimientos sin casos de Aujeszky en el último año). el estatus abre la puerta de las menudencias y de la genética, no la de la carne.

El frente que sí está abierto. el Ieral midió en agosto una brecha cercana al 62% entre el capón argentino y la referencia brasileña, por encima del 50% desde mayo, con importaciones que ya explican alrededor del 6,2% del consumo aparente. Uccelli lo resumió diciendo que en Brasil el cerdo se vende a un dólar por kilo vivo, y estimó que con lo gastado en importaciones se podrían haber puesto 24.000 madres en producción. la producción local creció 11,5% interanual hasta 877.000 toneladas, pero el récord convive con la concentración: según el anuario 2024, el 4% de los establecimientos faena el 52% de los capones. no creció el sector: creció una parte del sector.

La falsa disyuntiva. Santa Catarina, en Brasil, encaró su programa a partir de 2001 con vacunación y despoblamiento gradual, con la meta de llegar a ser estado libre sin vacunación. Alemania no registra Aujeszky en cerdos domésticos desde 2000 y dejó de vacunar en 2002. la propia Omsa prevé la vacunación con vacunas marcadas (Ge Deleteadas) acompañada de pruebas que distinguen al animal vacunado del infectado. la vacuna no es la alternativa al estatus libre: es el camino para llegar a él.

Quién paga. el modelo de granja libre traslada al productor un costo fijo (la serología periódica) que pesa proporcionalmente más cuanto más chica es la granja. el resultado previsible es la salida del sistema o la Subdeclaración de stock, y ninguna de las dos elimina cerdos: los saca de la vigilancia. un plan que expulsa productores no erradica la enfermedad: la pierde de vista.

El argumento oficial, presentado en su mejor versión, sostiene que el estado no debe elegir ganadores, que la apertura disciplina precios en favor del consumidor y que el rigi es horizontal. pero una neutralidad con un umbral de 200 millones de dólares es una selección por tamaño. y la sanidad animal es un bien público que ningún mercado provee por su cuenta: si el estado no la organiza, la organiza el que tiene escala, a su medida. estabilizar no es desarrollar.

Instrumentos. son jurídicamente sólidos: exigir a las menudencias importadas las condiciones que ya prevé el código terrestre, lo que no inventa una barrera sino que aplica el estándar internacional; un protocolo obligatorio de lavado y desinfección de camiones con estaciones registradas y un certificado por viaje vinculado al documento de tránsito; un fondo sanitario por kilo comercializado, sin distinguir origen, que financie vacunas marcadas y serología pública; y la zonificación por resolución del Senasa de las regiones con baja prevalencia, que es el estatus que efectivamente reconocen los compradores. funciona sólo como palanca de negociación el antidumping contra Brasil, difícil de probar cuando el cerdo también está barato en el mercado brasileño.

La pregunta de llamas está bien hecha. lo que no admite es una respuesta granja por granja, porque la enfermedad no reconoce alambrados y el mercado que se está perdiendo tampoco. lo que el sector necesita no es elegir entre certificar o vacunar: es que alguien decida adónde se quiere llegar y quién paga el camino.

Alejandro Di Palma

Presidente de Capemppor

Octubre 2026

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