Cada 15 de agosto se conmemora el Día Mundial de la Relajación, una fecha que invita a poner el foco en el descanso y en la necesidad de hacer pausas frente a las exigencias cotidianas. Lejos de ser una pérdida de tiempo, aprender a manejar el estrés y reservar momentos para desconectarse puede favorecer tanto el bienestar físico como mental.
Trabajo, estudio, obligaciones familiares, preocupaciones económicas, mensajes que llegan a toda hora y una rutina que muchas veces parece no detenerse. En ese contexto, relajarse puede convertirse casi en una tarea pendiente.
El Día Mundial de la Relajación, que se recuerda cada 15 de agosto, propone justamente lo contrario: reconocer la importancia de bajar el ritmo y encontrar pequeños espacios cotidianos para descansar.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al estrés como un estado de preocupación o tensión mental provocado por una situación difícil. En cantidades moderadas es una respuesta natural que permite afrontar desafíos, pero cuando se vuelve excesivo o se prolonga en el tiempo puede afectar tanto la salud física como mental.
Cuando el cuerpo pide una pausa
No siempre el estrés se manifiesta simplemente como “estar nervioso”. También puede aparecer a través de síntomas físicos y cambios en los hábitos cotidianos.
Entre las señales frecuentes se encuentran la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, problemas para dormir, dolores de cabeza o musculares, molestias digestivas y cambios en el apetito. La OMS advierte además que el estrés crónico puede agravar problemas de salud preexistentes.
Por eso, aprender a identificar cuándo el cansancio deja de ser algo ocasional resulta fundamental.
Qué ocurre cuando logramos relajarnos
Ante una situación estresante, el organismo activa una serie de respuestas que preparan al cuerpo para actuar. Entre otros cambios, pueden aumentar la frecuencia cardíaca y la presión arterial.
Las técnicas de relajación buscan generar la respuesta contraria. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integral de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos explica que la denominada “respuesta de relajación” se caracteriza por una respiración más lenta y una reducción de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.
Esto no significa que sea necesario disponer de varias horas libres ni realizar actividades especiales. Incluso unos pocos minutos pueden utilizarse para incorporar prácticas que ayuden a disminuir la tensión cotidiana. La propia OMS señala que algunas técnicas de manejo del estrés pueden practicarse durante unos minutos al día.
Formas sencillas de bajar un cambio
Una de las alternativas más accesibles es la respiración profunda y pausada. Puede realizarse sentado o acostado, inhalando lentamente y procurando que el abdomen se eleve para luego exhalar de manera tranquila.
Otra opción es la relajación muscular progresiva: consiste en tensar durante algunos segundos diferentes grupos musculares y luego liberarlos, avanzando gradualmente desde los pies hacia la parte superior del cuerpo.
También pueden ayudar actividades simples como caminar, escuchar música, leer, realizar alguna actividad recreativa, pasar un rato al aire libre o simplemente reservar un momento sin obligaciones ni pantallas.
No existe una única manera de relajarse que funcione para todas las personas. Lo importante es encontrar una actividad que permita interrumpir, aunque sea temporalmente, el estado de alerta permanente.
Dormir también forma parte del descanso
Relajarse no significa solamente detener la actividad durante unos minutos. El sueño es otro componente esencial.
La OMS destaca que dormir adecuadamente es importante para el cuerpo y la mente y recomienda mantener horarios relativamente regulares, procurar que el lugar de descanso sea tranquilo y limitar el uso de teléfonos, computadoras y televisores antes de acostarse. También aconseja evitar comidas abundantes, cafeína y alcohol cerca del horario de dormir.
No hace falta “hacer nada” para aprovechar el tiempo
En una rutina en la que muchas actividades se miden en términos de productividad, descansar suele generar incluso cierta culpa. Sin embargo, hacer una pausa, dormir adecuadamente o dedicar tiempo a actividades placenteras forma parte del cuidado cotidiano de la salud.
El Día Mundial de la Relajación puede ser entonces una buena excusa para recordar algo sencillo: no todo momento del día necesita estar ocupado.
Y cuando el estrés se vuelve persistente, resulta difícil de manejar o empieza a interferir con el trabajo, el estudio, el descanso o la vida cotidiana, la recomendación es buscar orientación de un profesional de la salud.
Este 15 de agosto, quizás la propuesta más simple sea justamente esa: hacer un poco menos, sin sentirse culpable por ello.

