Fue el lunes 26 de octubre, con la tarde larroquense respirando aires de primavera y nostalgias buenas, cuando regresamos al solar entrañable donde mi adolescencia encontró las respuestas y los incentivos indispensables para caminar con alegría.
Me recibió la sonrisa de Carolina y el crecido afecto de Nancy, quienes como anfitrionas y guías amigables me brindaron la bienvenida a ese hogar tan cálido, que abre las puertas de las armonías dichosas.
Recorrimos el establecimiento, saludamos a los chicos que disfrutaban su recreo, y recuperamos instancias cordiales de otros tiempos.
Luego, y con la presencia del personal docente de la Escuela “José Manuel Estrada” y jubilados de la casa, evocamos las huellas que dejaron en el continente americano las Hermanas Franciscanas de Gante, congregación religiosa fundada el 15 de agosto de 1715, y que alumbró provincias argentinas y chilenas con auroras de evangelio y pizarras de tiza y ternura.
Fueron momentos plenos de emoción, ya que entre los presentes se encontraban seres comprometidos con las consignas de las fundadoras, aquellas aguerridas monjas que dejaron atrás “familia, idioma, costumbres y cultura, para vivir sirviendo, alabando y agradeciendo a Dios”, mientras curaban las heridas del cuerpo, abrigaban las almas de los desposeídos y levantaban paredes para educar a los gurises de nuestros pagos.
No faltaron las referencias esenciales sobre el legado de Francisco y Clara de Asís, Juana Teresa Crombeen y Teófilo Van Damme, personalidades fundamentales del espíritu franciscano, y líderes indiscutidos para la hermosa tarea de proyectar cristianamente las esperanzas de los más humildes.
Cuando nos acercábamos al final de esta nueva “Reunión de Amor”, subrayamos aquellos paradigmas de bondad, misericordia, generosidad, honestidad y coherencia que definieron las manos hacedoras de las franciscanas.
E invitamos a quienes eligieron la senda del maestro, a imitar con gestos y acciones el tránsito de aquellas luchadoras, que después de arribar a Villa Urquiza en agosto de 1893, y fundar hogares y escuelas en Paraná, Villaguay, Chajarí, Urdinarrain y Caseros, inauguraron una etapa plena de realizaciones en Larroque, a partir del 10 de enero de 1957.
Abrieron las puertas del colegio y de su propio corazón, con el mismo propósito de San Francisco de Asís, cuando “recuperaba la iglesia sanando las grietas de la discordia, mediante un testimonio radical de fe y amor fraterno”, como lo expresó el papa León XIV, a pocos días de arribar a nuestro país.
A la tardecita emprendimos el regreso después de caminar, otra vez, por los rincones de la escuela que no olvidamos.
Muy cerca de allí, y aunque los alumnos ya habían abandonado las aulas, nos pareció escuchar voces en el patio, como una caricia tenue, que me devolvía rostros y palabras de lejanos otoños, pájaritos azules que andan conmigo y me ayudan a descubrir el sol entre la lluvia, cuando la tristeza intenta apagarme.

Por: ROBERTO ROMANI



