El 29 de septiembre de 1820, el Supremo Entrerriano anunciaba desde Corrientes la creación de la República de Entre Ríos, bajo los conceptos de una organización democrática y federal.
En el Reglamento Provisional, el general Francisco Ramírez establecía una amplia anmistía y mandaba levantar el primer censo regional que se conozca en las Provincias Unidas.
Con la visión que lo caracterizó, el caudillo de nuestros montieles instauró la organización judicial y el orden en los ejércitos, habilitando al mismo tiempo los sistemas de postas y correos.
Dio a conocer un revolucionario concepto en el campo de la educación, determinando la obligatoriedad de la enseñanza “hasta saber leer, escribir y contar”, al tiempo que ordenaba levantar escuelas que pudieran cumplir con el propósito antes señalado.
Desde estas tierras del verde profundo salieron los brazos que levantaron los emblemas federales y proclamaron la libertad de la comarca litoraleña.
Seguramente en cada rebelión, en cada grito de guerra, o en las carcajadas del cañón rencoroso, se asomaban las figuras de los pueblos originarios, aquellos charrúas, minuanes, chanás y guaraníes que habían gestado un tiempo de armonía junto a los ríos nombradores.
Desde entonces, el espíritu republicano de los entrerrianos está vivo en la bandera que flamea orgullosa como símbolo de hermandad sincera.
Y está latente en la mirada de quienes como peregrinos del mundo llegaron a nuestra tierra, y comenzaron a diagramar bajo cielo montielero un destino luminoso para las nuevas generaciones, trabajando con denuedo y compromiso.
A 206 años del grito convocante del ilustre caudillo nacido en Concepción del Uruguay, los hijos de esta región prolongan sus convicciones y sus sueños.
También comparten el pensamiento que nos devuelve la fe en el hombre, mientras arrieron paisanos surcan la provincianía rumbo a los horizontes de la esperanza nativa.
Este aniversario de la República de Entre Ríos es una oportunidad para seguir trabajando juntos, minimizando las particularidades y afianzando las coincidencias en los grandes desafíos.
Honrando siempre a nuestros mayores y despertando cada día con la grandeza del buen entrerriano, que tiende la mano al prójimo como una prolongación fraterna de la propia sangre.
Escrita por Roberto Romani

